Uno de los descubrimientos históricos más recientes es que la acción humana tiene una estructura recurrente universal, observable en todas las épocas de la civilización, en todas las culturas y lenguas, y en todos los ámbitos del quehacer social. El Ciclo Básico de la Acción capta esta estructura universal de la acción y ofrece la posibilidad de un breakthrough para diseñar acción efectiva con niveles de rigor, flexibilidad y eficiencia muy superiores a lo posible anteriormente. En otras palabras, cada vez que observamos acción efectiva, las fases del Ciclo Básico de la Acción han sido ejecutadas exitosamente.

La acción ocurre entre los seres humanos en las conversaciones que dos personas sostienen, una llamada Cliente y otra llamada Proveedor, y que establecen una relación de compromisos para cuidar de un dominio de preocupación mutuo y específico. Llamamos a esta relación “Conversaciones para la Acción”, y son constitutivas del ser humano por su capacidad lingüística de hacer pedidos y ofertas.















